martes, 28 de septiembre de 2021

Yo, Claudio

Autor/a: Robert Graves
Título original: I, Claudius
Traductor/a: Floreal Mazía
Editorial: Alianza
Edición: 4ª ed.
Año de edición: 2020
Número de páginas: 584
ISBN: 978-84-206-8985-2

Esta novela de Robert Graves está considerada como una de las mejores sobre la antigua Roma y fue galardonada con el premio James Tait Black de ficción en 1936, premio que otorga la Universidad de Edimburgo durante el Festival Internacional del libro de dicha ciudad.

Nada más comenzar la lectura nos encontramos con unas notas del autor, de las que hablaré más adelante, para dar paso a la narración en sí misma y será Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, más conocido por Claudio, quien nos narre en primera persona los acontecimientos que irán sucediendo a lo largo de las páginas. Así seremos testigos de hechos y personajes históricos, algunos bastante ficcionados desde mi punto de vista, que abarca desde el año 10 a.C. (año de nacimiento de Claudio) hasta el 41 d.C en el que es proclamo emperador.

Conoceremos a miembros de la dinastía Julio-Claudia como el emperador Augusto, Livia Drusila, a Tiberio, Julia, Germánico, Agripina, Calígula, Antonia la menor y Livila, entre otros y, como no podía ser de otro modo, al propio Claudio que fue despreciado por su propia familia por sus defectos físicos (cojeaba, tenía tendencia a tartamudear y su propia madre lo consideraba un monstruo) hasta el punto de considerarle no apto para desempeñar cargos públicos y, sin embargo, fue un historiador meticuloso.

Uno de los temas principales que se puede observar en Yo, Claudio –a parte de un importante repaso sobre la dinastía Julio-Claudia en la que hay desde confabulaciones, asesinatos, manipulación y un largo etcétera- es el conflicto entre la Roma imperial o la Roma republicana. Por un lado tenemos a Augusto y Claudio que defendían los valores y libertades de la república pese a la inestabilidad y las guerras civiles y, por otro, a Livia –tercera esposa del emperador Augusto- que defendía férreamente la forma imperial puesto que mantenía el orden y la paz. También se nos muestra las costumbres de la época, la cultura imperante pero, sobre todo, la religión y los dioses es otro punto que cobra relevancia así como la creencia en las profecías y los oráculos.

Una de las cosas que me llama la atención cuando leo una novela sobre la antigua Roma es el papel de la mujer; por lo general, quedan relegadas a un segundo plano y se limitan a decir que es la mujer, hija, madre de y suelen mostrarnos unos personajes bastante pasivos aunque, por suerte, cada vez hay más libros en los que se nos muestras personajes femeninos poderosos porque haberlos los hubo.

En Yo, Claudio el personaje femenino por excelencia es Livia Drusila pero Graves nos la muestra como un personaje frío y calculador que gobernó Roma a la sombra de Augusto y a la que no le tiembla el pulso a la hora de hacer lo que sea necesario para lograr que su hijo Tiberio se convierta en el próximo emperador tras la muerte de Augusto. Uno de los personajes más potentes e interesantes de todo el libro, desde mi punto de vista.

Pese a que estamos ante una novela de ficción histórica Graves se basó en Suetonio, Plutarco y Tácito para escribir Yo, Claudio y aunque sí se reflejan hechos históricos reales también hay partes poco realistas o más fantasiosas de lo que fueron en realidad como, por ejemplo, la imagen benévola que nos muestra de Claudio o el retrato de una auténtica harpía que hace de Livia Drusila; ni los buenos eran tan buenos ni los malos tan malos.

Algo que he echado en falta es más profundidad en las batallas –con las que disfruto como una niña con zapatos nuevos- y, aunque sí se hace referencia a las acontecidas en Germania, se me han quedado muy cortas. En lo que no se queda corto es en la cantidad de datos históricos así como en las descripciones con las que he disfrutado mucho, sin embargo, el ritmo narrativo se me ha hecho lento en ocasiones a lo que, quizá, haya contribuido el estilo tan cuidado de Graves.

Puedo decir que sí me ha gustado y he disfrutado con la lectura de Yo, Claudio pero me ha chirriado que no se haga referencia a los nombres geográficos por su expresión latina, así como en los nombres propios de los personajes o con los términos militares. El autor lo aclara en sus notas al comienzo del libro diciendo que lo hace por familiaridad pero, personalmente, me gusta leer los términos en latín y creo que se podría haber contentado a todo el mundo con unas simples notas a pie de página; cuestión de gustos, está claro.

Por último, no recomendaría este libro a todo el mundo; no porque sea malo, ni mucho menos, si no porque hay demasiados datos históricos y puede resultar una lectura densa e incluso tediosa para algunos lectores.

martes, 21 de septiembre de 2021

Empezando lectura 25


Entre los propósitos lectores para este 2021 está el de sacar de las estanterías libros que llevan años esperando a ser leídos y La hermandad de John Grisham lleva la friolera de veintiún años esperando a que me digne a leerlo (suelo anotar, con lápiz, la fecha de compra). Os dejo la sinopsis:
Trumble es una prisión federal de régimen especial, el hogar de una serie de criminales que podrían ser calificados de inofensivos: ladrones de bancos, traficantes de droga, estafadores, evasores de impuestos, un médico, cinco abogados, dos tipos de Wall Street… Y tres ex jueces. Tres hombres a quienes les une el hecho de haber sido testigos de su propia caída. Se hacen llamar La Hermandad y dedican la mayor parte de su tiempo al chantaje por correo. Todo parece ir sobre ruedas, hasta el día en que la artimaña se vuelve contra ellos: una de las víctimas es una persona con quien habría sido mejor no involucrarse.
No pinta mal, ¿habéis leído éste u otro libro del autor?

viernes, 3 de septiembre de 2021

Por fin es viernes 21



Como dice la letra de la canción que os traigo hoy: I’m feeling good porque por fin es viernes y en unas horas empiezan mis vacaciones, quince días para desconectar y disfrutar.

Pero volvamos al tema musical, seguramente os suene esta canción que Michael Bublé versionó –maravillosamente- en 2005 para su álbum It’s time pero la original data de 1964 y fue creada por Anthony Newley y Leslie Bricusse para el musical The roar of the greasepaint. Desde entonces ha sido versionada por muchos artistas; si os gusta el jazz las versiones de John Coltraine o Nina Simone son magistrales pero si sois más de rock las de Muse y Joe Bonamassa os llamarán la atención, si preferís algo más “tranquilo” la de Avicii, EELS o Ed Sheeran os podrían gustar o, quizá, la de George Michael.

Como veis hay versiones para todos los gustos y éstas que os comento son sólo unas pocas porque, por haber, hay muchas más. Personalmente, me quedo con la Nina Simone y ésta de Michel Bublé, a lo James Bond.